EEM 003 El arte de la presencia: encuadernación y restauración de libros con Carola Osorio de Tot Plegat!

EEM 003 El arte de la presencia: encuadernación y restauración de libros con Carola Osorio de Tot Plegat!

 

En la entrevista de hoy nos encontramos con Carola Osorio, diseñadora gráfica detrás de Tot Plegat!, una iniciativa que busca rescatar el oficio artesanal de la encuadernación y la restauración de libros. Descubre cómo la búsqueda de lo propio condujo a Carola a la exploración de un territorio diferente que le ha permitido conectar y completar su desarrollo en el trabajo.

Mencionados en la entrevista

Escuela Charnela de encuadernación

Si quieres ponerte en contacto con Carola puedes hacerlo a través de sus páginas:

Teaser Tot Plegat from Carola Osorio on Vimeo.

La danza rítmica del asombro… no en nosotros

La danza rítmica del asombro… no en nosotros

Si no tenemos un lenguaje para expresar lo que sentimos, lo que hacemos es encontrar una manera de hacerlo a nuestro modo, de expresar lo que sentimos con las formas que tenemos, los lenguajes que nos son accesibles.
Estaba buscando unos artículos que me inspiraran a escribir la entrada de esta semana y me tropecé con uno que hablaba sobre la espiritualidad y el asombro en los chimpancés.
El artículo se encontraba en la web de la doctora Jane Goodwall una eminencia del estudio de primates que ha ido desmantelando muchos de los conceptos que se han sostenido sobre el mundo animal y especialmente sobre los primates superiores.
La idea central del artículo giraba en torno a que se podían observar ciertos comportamientos en los chimpacés salvajes que hacían pensar que ellos también tenían momentos que se podrían entender como espirituales, al encontrarse con fenómenos naturales que los embargaban y conmocionaban intensamente. Específicamente se trataba de la experiencia en una cascada, donde iniciaban una danza extática de arrobamiento ante los sonidos y efectos del agua cayendo. La doctora Goodwall entonces concluía que si bien los animales no tenían los mismos códigos para expresar su emoción, y careciendo de herramientas para conceptualizar la experiencia, buscaban expresarse a través de movimientos, golpes y otras formas que les eran propias y que sin embargo aludían a algo similar a lo que nosotros sentimos cuando tenemos una experiencia de encuentro con la trascendencia.
El artículo incluía el video de la danza en cuestión captada para national geographic y mientras lo veía, recordé tres otros registros sobre los animales que hablaban de emociones y sensibilidad, donde en teoría no la habría.

Vacas saltando

Circuló hace algún tiempo el video de un grupo de vacas que habían sido liberadas de un criadero hacia campo abierto. Las vacas saltaban y brincaban de manera eufórica al salir. Cuando lo vi por primera vez, me pareció tan exagerado que le resté importancia, especialmente porque lo vi a la rápida y no me di cuenta bien de lo que estaban mostrando. Pero tiempo después vi otro video sobre una vaca que había sido curada de un problema en una pierna y una vez que pasó por todo el proceso de rehabilitación y la soltaron en una pradera hizo varios de los movimientos que vi en el primer video. Saltos, brincos, trotes… muy similar a nuestro propios bailes y saltos de euforia o alegría extrema.

Un abogado para los sin voz

En otra ocasión me encontré una charla TED sobre un abogado que lleva años intentando cambiar la ley de manera que los animales dejen de ser considerados objetos.
Este crucial cambio de status significaría la posibilidad de poder defenderlos a nivel legal y que no queden totalmente desprotegidos y expuestos a todo tipo de maltratos y crueldades.

El mundo secreto de las plantas

Hace muchos años atrás una prima me habló de este libro (La Vida Secreta De Las Plantas) como parte de las investigaciones que tuvo que hacer para la obra de teatro en la que estaba trabajando en ese momento.
El libro hablaba de investigaciones que se han realizado en torno a las plantas y que constatan su altísima capacidad perceptiva. Una de las historias que más me impresionó fue la del hombre que monitoreando a sus plantas pudo comprobar que ellas se “daban cuenta” del momento mismo en el que él tomaba el vuelo de regreso a su casa después de un viaje. Las variaciones de “alegría” eran notadas desde el instante en el que éste había tomado el camino de regreso, mucho antes de llegar a casa.

¿Cómo lidiar con la sensibilidad del mundo que nos rodea?

No es fácil integrar (enteder y absorber) que el mundo que nos rodea no es inerme, insensible o inerte. No es una objeto inanimado, sino todo lo contrario. Siente, percibe y se afecta por lo que hacemos.
La mayoría del tiempo, la vida, el tipo de vida que llevamos puede doler más de lo que estamos dispuestas/os a dejar entrar (a admitir).
Es muy común que prefiramos no saber, a enterarnos del dolor que nos rodea.
Y eso parte por integrar su sensibilidad, es decir entender que lo que esta a nuestro alrededor, es sensible, como lo somos nosotros.
Lo entiendo.
Entiendo que las personas no soporten exponerse a información sobre la cual sienten, no poder hacer nada.
Y luego, pienso que la maravilla del mundo está en su latencia, en su apertura, en su sensibilidad, en su delicadeza. Entonces que una de las consecuencia de no poder soportar la amplitud de la realidad es que cuando nos cerramos al dolor también nos cerramos a una buena parte de la maravilla y de la belleza. Y nosotros nos volvemos más opacos, más tristes, más insensibles.

Mi camino

Siempre que las personas me preguntan porqué dejé de comer carne, contesto con la verdad poco glamorosa de mis razones.
Me gustaba la carne y mucho. No me obligué a dejarla. No la dejé por sensibilidad al sufrimiento de otros seres. No era capaz de percibirlo y por mucho tiempo no fue un tema para mi.
Viaje a India, estuve en un Ashram por 1 mes y medio y dejé la carne. Fueron siempre procesos de meditación y terapia en los que pasé periodos sin comer carne los que me llevaron a dejarla. No fue físico. Simplemente no quise seguir comiendo.
Muchos años después, mucha meditación después, mucho yoga, mucha vida después simplemente me ha llevado a poder sentir y aguantar la idea de que los animales y las plantas y esencialmente todo, siente, de alguna manera, como yo.
Eso solo significa que evaluo mis desiciones con más cuidado.
Ni si quiera de manera ideal, pero al menos con bastante más cuidado.
Me pregunto las cosas.
¿Por qué acepto comer plantas y no animales?
¿Qué es lo que esta mal con la manera que hacemos las cosas?
¿Cuál es mi parte en ello?
¿Quiero o no participar?

La costumbre de no sentir

Hablando con unas amigas comentaba sobre la necesidad que tenemos de luz solar. De vitamina D y como la mejor manera de exponernos a ella es caminando en un bosque, porque las hojas filtran los rayos solares y ese filtro permite que absorbamos mejor la luz y sus propiedades.
Mis amigas se sonrieron conmigo.
Por que si lo piensas es tan lindo.
Es tan redondo.
Hay una amorosidad en la disposición natural del mundo. En su rudeza también, en su ritmo y en su expresión. En su vida y en su muerte, donde las cosas sí tienen sentido. Donde sí están ahí para algo más.
Y cerrarnos a ellas es como cerrar una enorme puerta a la realidad de la trascendencia presente en todo.
Solo darle espacio al sentido de lo que vivimos y hacemos puede hacernos soportar el dolor del mundo hoy y si lo podemos soportar podemos empezar a necesitar cambiarlo. En casa, en la intimidad, y en última instancia en todo momento en que decidimos interactuar con los demás.
“Y algún día, debemos darle algo de vuelta a los animales…”
EEM002: Desarrollo de aprendizaje, alimentación y síndromes en la temprana infancia con Adriana Vera

EEM002: Desarrollo de aprendizaje, alimentación y síndromes en la temprana infancia con Adriana Vera

 

 

Segundo Episodio de Experiencia en Magia. En esta sesión la entrevista es a Adriana Vera, Educadora con más de 27 años de experiencia, profesora de Yoga y formada en Mindfulness y con aprendizajes en Pedagogía Waldorf quién comentará sobre el impacto de la alimentación en trastornos de atención y aprendizaje, cómo afecta la tecnología al desarrollo de los niños y muchísimo más.

Temas, Autores y Expertos mencionados

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Lo que nos enseña el dormir a pata suelta sobre el sentido

Lo que nos enseña el dormir a pata suelta sobre el sentido

La pregunta es qué es lo que nos permite dormir tranquilos. Qué es lo que nos hace entrar al final del día al descanso con un animo de satisfacción y tranquilidad y si nos falta, qué es exactamente lo que nos falta. Este artículo tiene mucho que ver con la relación entre ansiedad, sentir que estamos perdiendo el tiempo, llevar una vida que no nos hace sentido y dormir mal. Recordando el dormir a pierna suelta de otros años, cuando la presión era menor, la reflexión es a como traer un tipo de vida que respete nuestra necesidad más pura respecto de la vida y cuanto espacio le damos a esa necesidad.
Algo estaba mirando hace un tiempo atrás, en la que había un personaje que hablaba de esa sensación de no tener idea de “qué se supone que debería estar haciendo en la vida”. Le había tocado estar en la marginalidad, en el sentido de sentirse alguien ajeno a la vida, un poco aquí y un poco allá y básicamente transitando con la sensación de que nada de lo que hacía tenía mucho sentido.
Ya me acordé, era una entrevista a Jonnhy Depp, el adorado Capitan Sparrow (por mencionar solo uno de sus últimos personajes de culto popular). Comentaba el actor que hasta el nacimiento de su primera hija no había tenido idea del sentido de la vida. Solo entonces había exclamado, “aaah de esto se trataba”. En la entrevista no mencionaba a qué exactamente se refería con esto, pero lo que más me llamó la atención fue esa manera de hacer referencia a la vida como de que nada tenía mucho sentido, de que todo estaba un poco de cabezas. No por nada hoy Depp encarna al sombrerero loco.
Pero ¿hasta que punto somos sombrereros locos nosotros también?
Hasta que punto vivimos cotidianamente con una sensación de sentido o sin sentido.

El camino trazado para la “tranquilidad”

 

 

Para algunas personas seguir la pauta de las etapas de la vida, tiene una estructura perfecta y natural. Eso es suficiente. Nacer, crecer, emparejarse, tener hijos, pulsar por mantenerse y prosperar y luego morir.
Para otros esa carrera queda anulada por que no tiene ningún sentido, por que la fortuna no lo ha querido permitir o simplemente por que nunca ha existido una completa comunión con esa estructura. El primer grupo históricamente ha tenido la suerte de albergarse a un esquema  que les ordena y efectivamente les tranquiliza, e incluso en algunos casos los hace genuinamente felices. Para otros muchos, es un camino mas rocoso de dudas que incluyen más vías y posibilidades que solo la línea recta.
La vida es así.
Lo cierto es que sea cual sea el caso, en cualquier camino por más recto que sea, aparece un pequeño o gran momento de reflexión sobre el sentido, ya sea al inicio, al medio o al final, cuando todo lo que nos queda es evaluar.
Esa reflexión en distintos momentos de la vida de si todo el esfuerzo ha tenido algún significado o importancia, es algo que oscila de tanto en tanto con un sentimiento apremiante en la vida de las personas.
Cuando digo esta frase, “dormir a pierna suelta”- que no se si es común en otros países de habla hispana-, me refiero a cuando una persona esta tan out, tan desconectada, tan profundamente dormida que está como desparramada sobre lo que sea, roncando y feliz. Hay muchas referencias de esta imagen, pero lo que se me viene es la sensación de los niños, como un/a niña/o que ha jugado todo el día y llega la hora de dormir y se queda dormida/o tratando de ponerse el pijama.
Es una sensación fantástica. Es sin duda una sensación de plenitud.
Por alguna razón, al crecer y dependiendo de cuál sea nuestro estilo de vida, se empieza a hacer cada vez más difícil entrar al sueño de esta manera.
Se entiende, está bien. No nos pasamos todo el día jugando, corriendo y saltando con absoluta y total intensidad, llorando, riendo y transitando por una gama infinita de emociones durante el día, por lo que claro, no terminamos totalmente exhaustas/os.
Cansadas/os sí. Movidas/os, sí, pero de esa sensación de cansancio físico y sentido profundo, no tan seguro.
Pero de lo que te quiero hablar no es del cansancio físico, sino de esa sensación que se tiene en la niñez como de haber cumplido con el día o quizás más aún, haber cumplido con el minuto. El todo por el todo a cada instante.
Quiero hacerte una pregunta. Y bueno, puede que sea una pregunta un poco incómoda, pero, créeme que es necesaria. Cuando te vas a dormir, ¿cuántas veces te vas a la cama sintiendo que tienes algo pendiente, que algo falta, que hay algo que no hiciste? Incluso ¿cuántas veces te vas a dormir con una sensación como de culpa?
Yo no se por qué. Hay muchas personas que se sienten culpables y no saben de qué ni por qué.
Hay personas que responsabilizan a la idea del pecado original y a la educación judeo-cristiana. Más allá de eso creo que es importante que si sentimos esto, nos demos el momento de identificar si es así y sacarnos ese peso de encima.

Una idea de dónde viene

 

 

Brene Brown, esta mujer a la que cito de tanto en tanto, hacía la distinción entre la culpa y la vergüenza, pensando la primera como el malestar, el arrepentimiento o el tormento de algo que hemos hecho y que sabemos está mal para nosotros. Mientras que la vergüenza es cuando sentimos que somos algo malo, que eso que esta equivocado es intrínseco a nuestra personalidad. La primera entonces, pertenece al mundo de las acciones y la segunda al de la identidad.
Dejemos la vergüenza a un lado por el momento porque es un tema suficientemente complejo por si solo (si quieres saber más puede escuchar esta entrevista fabulosa en inglés o ver su charla TED).
La culpa entonces es cuando sentimos que estamos actuando erróneamente o que hemos actuado en contra de nosotros mismos.
Dentro de esto, no hay nada que genere más desasosiego que sentir que estamos haciendo algo mal sin saber exactamente qué es.
Es como una mosca en la oreja que no deja de zumbar y no nos deja nunca en paz.
Si no puedes ver de qué se trata el problema, se hace muy difícil de acallar o echar a la mosca y lo que tratamos entonces, cuando no sabemos de dónde viene ni qué hacer con ella, es simplemente subir el volumen de la radio, el televisor, o hablar con personas, en otras palabras: distraernos.
Así sin saber, nos vamos pasando la vida, literalmente la vida entera, distraídas/os de nosotras/os mismas/os. Y ¿por qué? Porque hay algo que no sabemos bien qué es (porque estamos en otra cosa) que no nos permite relajarnos completamente y gozar.

Nuestro regalo

 

 

Mi maestra suele decir que la gran tragedia humana es el desperdicio del don que se nos ha dado.
Esto no quiere decir que sean menos importantes las matanzas, ni las guerras, ni las hambrunas, ni ese tipo de desastres, sino más bien que probablemente todas ellas se evitarían si el ser humano estuviera abocado a alcanzar su potencial, a honrar su don.
¿Por qué?
Nuestro don o regalo, sea cual sea (porque todas/os tenemos uno) esta íntimamente conectado con nuestro sentido de dicha, con nuestra plenitud y la sensación de sentido. Y esto es tan, pero tan importante que cuando las cosas son realmente demandantes o terribles, cuando las cosas se reducen a lo más básico y mínimo, es lo único que realmente nos hace vivir y prosperar.
En el libro El hombre en busca de sentido, el clásico de Viktor Frankl, se explica cómo es el sentido lo que en las peores circunstancias te mantiene con vida. El libro, si no lo has leído, trata de la experiencia que el autor tuvo en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial y las cosas que observó respecto del comportamiento humano en una situación tan brutal como esa.
Eventualemente desarrolló la Logoterapia, una forma de terapia psicológica que trabaja con el sentido y el lenguaje.
Entender que todas/os tenemos una necesidad de sentido es crucial. Y no se trata necesariamente de un sentido fuera de lo concreto como mucha gente piensa, no. Muchas veces ese sentido es simplemente una idea, un sentimiento, una persona, un sueño, incluso un odio que nos lleva más allá de nosotros y nuestra circunstancia.
Si carecemos de esto o si nuestro funcionar en el mundo es como el de marcar tarjeta, marcar el paso, dar simplemente cuenta de que el tiempo pasa, la vida se va volviendo un poquito más gris cada día. Y no, la vida no se trata de eso.
Pero para poder establecer esa conexión se requiere un enfoque, una mirada. Si solo hemos aprendido a mirar la pared, olvidando la ventana, se hace muy dificil ir a por las nubes. Si nadie nos ha dicho que es importante observarnos y conocernos de manera de poder darnos cuenta de cuando estamos frente a algo que nos importa, entonces se hace difícil.
Es extraordinariamente común que las personas se pregunten “pero, ¿qué debo hacer? ¿no sé qué hacer?” y luego les preguntes (como yo lo hago molestosamente en la consulta) ¿qué te gustaría? e incluso te respondan “no sé” y volver a molestarlas/os “¿pero, que harías si no hubiera ningun impedimento, si tuvieras tiempo, si tuvieras el dinero, si no te doliera hacerte esa pregunta?” y entonces, como niños, con mucha inocencia comienzan, “haría esto, me encanta esto otro y lo de más allá siempre he querido probarlo.”
Entonces yo me río, porque siempre sabemos.
Solo que no sabemos cómo escuchar.
Tengo la teoría de que esa sensación de culpa y desasosiego basal viene de que no actuamos en concordancia a nosotros mismos y rara vez lo sabemos. Que invertimos una enorme cantidad de tiempo en mirar a la pared, a lo que esta mal en vez de sanar las alas para poder ir a donde queremos.
Cada día que no enfocamos en algo diferente que la búsqueda de nuestra felicidad es como si estuvieramos actuando en contra de nosotros mismos, y solo esa sensación de desasosiego indiferenciada nos recordara que la atención debe estar puesta en otra cosa. En como poder contruir eso que para ti, tiene todo el sentido del mundo.
Que cosas debo hacer para empezar a dirigir mi atención hacia allá, si quieres saber cómo hacer un pequeño ejercicio de aclaración interna que te ayude a abrir este espacio, pide tu ejercicio aquí.
Decantar

Decantar

Hace un tiempo atrás quizás hace un año me encontré con esta conferencia o recitación de Zadie Smith. Para el propósito de esta entrada solo diré que en alguna sección de su lectura, la escritora de Sobre la belleza, decía que era buena idea dejar reposar la novela al menos un año para poder reencontrarla, mirarla otra vez, más adelante, con los ojos de alguien asombrado que mira por primera vez un algo dormido.
Como los osos invernando. Durmiendo cíclicamente para renacer. Dejas descansar tu idea para que te devuelva una visión diferente del mundo.
Muchos más años atrás la película Besando a Jessica Stein mostraba la escena en que las dos mujeres que intentaban tener una relación, conectaban: en la calle de verano, con las luces que hoy me parecen azules y fuera de foco, una le decía a la otra: “déjalo marinar”.
Déjalo decantar.
Déjalo descansar.
Déjalo Macerar.
En un momento en que estamos tan obsesionados con el urgimiento y la rapidez, esta es una idea encantadora.
Es como la idea de una mecedora en el sol de la tarde.
O simplemente la compasiva y empática respuesta cuando miramos a alguien a los ojos que busca desesperadamente una confirmación y lo único que sabemos que se debe hacer, es esperar un poco. Observar lo que sucede. No apresurarse, confiar un poco en el ritmo tácito de las cosas.
En verdad todo tiene su tiempo.
Alguien muy cercano a mi me contaba el retorno de una amiga muy querida diciéndome como ella había aprendido, por obligación, por las circunstancias, que en verdad todo tenía un ritmo. Especialmente al mirar la naturaleza, sabemos, tenemos que entender, que todo tiene un tiempo propio. Una necesidad propia. Y que tenemos que adquirir la capacidad de bailar con esa manifestación de las cosas.
¿No es así cuando bailamos? ¿Acaso no tenemos que acomodarnos a un ritmo con soltura, con una observación intuitiva de lo que nos sucede en esa relación con el otro?
¿El silencio no es eso también?
¿La observación o la presencia de otra cosa que nos revela todo aquello que no se puede escuchar en el ruido del mundo, de nosotros mismos/as?
Hace ya un par de meses estoy trabajando con dos personas muy queridas con las que estamos construyendo el proyecto La Gracia. El proyecto tiene dos patitas, una es la escuela, una escuela donde podamos encontrar todo lo que nos hace crecer del mundo interior y del exterior, de como cuidarnos, de como  desarrollar nuestra mente, nuestro corazón, nuestra intuición y todas esas habilidades que son nuestras, de los seres humanos y que andan tan descuidadas ulitmamente. Y otra patita que es de los viajes. Y esa es porque amamos viajar y queremos compartirlo con los demás al tiempo de ofrecer una experiencia de creación, de desarrollo personal, etc.
He estado tratando hace muchos meses de poder generar un espacio de equipo, participé en un Mastermind que me sostuvo durante todo el año pasado con el maravilloso Rai Singh de Comunidad Kundalini y por otra parte probé trabajar con varios cercanos, sin éxito. Había que decantar.
Como tengo una tendencia hermitaña potentísima este impulso de trabajar con otros me costaba mucho, especialmente por lo difícil que fue, emocionalmente el 2016 (se que varios de ustedes vivieron rudo el año del mono también). Pero finalmente estaba aquí, construyendo feliz con dos personas que me encantan y me nutren muchísimo.
Recuerdo el momento en que me vino la sensación de que eran estas dos personas, estás dos personas específicas. Y les mandé un correo. Pero algo apareció en mi.
De hecho fue durante una meditación. Es lindo.
Cuando estas ideas aparecen es como el momento en que una planta germina. Un día no hay nada y al día siguiente hay una pequeña orejita verde. La semilla se manifiesta, se estira como si estuviera despertando. Es lindo. Por que es algo tan suave y pequeño, que hay que volverse suave y pequeño. Y el verde brilla y la gotita de agua también. Es algo que emerge del silencio. No se si es que lo necesita o es que lo produce. El silencio.
Una vez que eso se echa andar, una vez que le hemos dado un espacio al silencio y a la maceración, se vive como una especie de periodo de gracia. Hay una certeza callada y profunda en lo que hacemos, al menos por un tiempo y eso lo hace muy dichoso.
Después, claro, volvemos al ritmo de antes.
Volvemos al frenesí. Al urgimiento. A la idea del control.
Tengo una idea sobre esto. Que me acaba de aparecer. Y es que confundimos quizás la idea del orden con la idea del control. Como siempre fui desordenada y tendiente al caos, la aproximación al orden y la idea del control ha sido lenta y sinuosa. Por lo mismo quizás la he podido mirar un poco más de afuera. Mi desorden también era una neurosis sobre el control. Sentirme incapaz de controlar la cosas implicaba que quería estar siempre soltándolas, abandonándolas, para no frustrarme, para no sufrir. Pero como todo, al final nos pide un equilibrio, un ajuste, tuve que empezar a dejar la “comodidad” del abandono. Ordenar sin querer controlar, parece de pronto un termino medio interesante.
Pero como muchísimas cosas también, estas ideas que conmigo misma podrían sonar sencillas en su descripción, al momento de llevarlas a ese territorio con otros, muestran otras cosas de mi y de mis impedimentos que en mi cueva no eran reales.
En este contexto, entender lo de la maceración ha sido vital. Para entenderme y poder ir más allá de mi misma. Porque hay veces que una cree que lo que le pasa es absoluto, es real en toda circunstancia y en realidad es solo la percepción que estoy teniendo en el momento.
Así me he pillado llena de una emoción en un momento creyendo que las cosas están de tal o cual manera terrible y en realidad es solo porque me estoy sintiendo terrible y lo estoy proyectando en todo lo que hago. Ver esta realidad en acción ha sido crucial y ha sido lo que me ha hecho sentir respeto por la idea de la maceración. No solo acuerdo, si no respeto. Porque eso puede salvar muchas cosas. Puede evitar que quebremos cosas que no necesitan romperse. Al final se aprende igual, pero es preferible hacerlo sin quebrar tantos platos, pienso yo.
Ahora, no es que siempre tengamos que esperar. Hay momentos para actuar de inmediato. Hay momentos para ser enfática/o e intensa/o. Hay momentos para trazar límites al instante e incluso reaccionar como decía la Anto, con agresividad. Porque eso es lo que la situación requiere.
Entonces ¿qué?
Lo que todo esto señala, al menos para mi, es que seguir un ritmo requiere que estemos presentes. Y digo presentes y no atentos, porque puedes estar ausente de ti y atenta/o. Eso nos lleva al estrés porque es un proceso muy mental. Pero cuando estamos presentes todo en nosotros escucha y percibe y sabe, más allá del intelecto si es momento de moverse o pausar.
Presencia.
Sí, una y otra vez, la presencia es la sabiduría de todo.
EEM001: Lo que la numerología nos revela con Karamjot Carolina Jiménez

EEM001: Lo que la numerología nos revela con Karamjot Carolina Jiménez

Hola, este es el primer episodio del Podcast Experiencia en Magia.

En esta ocasión la entrevista es a Karamjot Carolina Jiménez, psicóloga, numeróloga e instructora de Kundalini Yoga detrás de Numeroscópica, un espacio de reflexión y profundización en la numerología y su incidencia en nuestras vidas.

En esta conversación ahondaremos en el proceso de aprendizaje que ha implicado la numerología para Carolina y el impacto que tiene esta disciplina en nuestro entramado energético.

Para encontrar más información sobre su trabajo y el curso que comenzará este 27 de Mayo, puedes ingresar a www.numeroscopica.com.

Una taza de té

Una taza de té

Hoy llueve en Santiago.

El sonido del agua cae y por si solo parece acallar el tiempo y el ruido incesante de afuera.

Estoy escribiendo sobre la historia de una mujer que recibe la visita de tres mujeres a las que no puede recordar después de haberlas visto. Ellas le dejan libros en la memoria que luego ella escribe.

Esta mujer, le encarga a su secretaria persona que es la narradora de la historia, la misión de identficar, espiar y observar a la segunda y tercera visitante, cuando ésta aparezca.Porque ella ha perdido todo interés por escribir, pero no por descubrir quienes son estas mujeres que la visitan.

Y en mi caso, hoy, te quiero hablar de la ceremonia del té.

Lo poco que sé de ella y lo mucho que aprecio el silencio y paciencia que me evoca.

Quizás te quiero hablar de ello porque llevo mucho tiempo pensando demasiado en qué escribiría después, haría después, o compartiría después.

¿Después de qué?

De los cursos, la gente, y el profundo contentamiento de ver los proyectos tomando forma.

En un lugar todas estas cosas me satisfacen. Pero en otro me llenan de ruido.

¿Te ha pasado eso?

De pronto estas llena/o de actividades que te entretienen, trabajos que te motivan, visiones que te hacen caminar aceleradamente y feliz, pero que al mismo tiempo te llenan de ruido.

Me doy cuenta cuando respiro. Estoy sentada o acostada, leyendo, escribiendo o pensando y de pronto tomo una profunda respiración, una que toca mis costillas, mi estómago y  mi espalda, y todo lo que siento se amplifica. Puedo sentir muchas cosas: mis hombros están levantados, mi respiración sse ha vuelto muy superficial y mi diafragma está rigido. Me duele un poco la espalda y siento una tirantez general en el cuerpo.

Me doy cuenta de que estoy ausente. De mi. De mi cuerpo. De dónde estoy.

Papa ji, suele decir en sus charlas que el Ser está ahí en el instante mismo que decidas sentirlo. En la mitad del instante. En la mitad de la mitad del instante.

 

Y cuando estoy así, ausente y se que he estado así algún tiempo, entonces me doy cuenta de que no han habido instantes así, como los que él define, nunca o no en mucho tiempo.

Son esos instantes que cubren meses incluso, con una capa de presencia y sentido. Como una fragancia que te acompaña y te rodea. Una atmósfera que sostiene el mundo.

Sobre todo cuando nos dejamos absorber por algún tipo de pensamiento opaco, vampiresco y de desconexión.

Entonces el ser entero añora, un instante. Un momento de sentirse.

Vino a mi entonces esta ceremonia del té a la que quiero invitarte. No se me ocurre a quién más decir, a nadie más que a ti.

Si pudieras leer esto y simplemente cerrar los ojos.

Quizás cuando lo leas no esté lloviendo como ahora, y no puedas sentir ese frescor del agua, ese frío suave y húmedo que viene de afuera. Quizás no tengas el sonido. Pero sí la imaginación y sí, siempre, tienes tu corazón.

Tu corazón siempre contiene la lluvia y el sol.

La montaña y el mar.

Contiene las estrellas. Todas ellas y la luna.

La hierba y el frescor, la esencia misma de todo lo que brilla.

Por eso te puedo decir que cierres los ojos y me acompañes en esta ceremonia inventada del té. Donde estas frente a mi y tenemos una bella taza que humea en la mesa y sonreímos y disfrutamos en silencio, la sola presencia de estar aquí. Si compartimos la presencia, no hay nada más rico y placentero.

Es algo que no necesita nada más.

Aquí puedo verter ese té que tanto te gusta y ofrecértelo en un pequeño pocillo.

Lo puedes acercar a tu nariz y sentir el calor y el aroma maravilloso.

Este es mi regalo para ti. Este trago delicioso de presencia.

Compártelo. El ser, como dice Papa ji, esta disponible en un instante. ¡Que va!, en la mitad de un instante. Incluso, en la mitad de la mitad de un instante. Solo basta que lo quieras sentir.

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