La danza rítmica del asombro… no en nosotros

La danza rítmica del asombro… no en nosotros

Si no tenemos un lenguaje para expresar lo que sentimos, lo que hacemos es encontrar una manera de hacerlo a nuestro modo, de expresar lo que sentimos con las formas que tenemos, los lenguajes que nos son accesibles.
Estaba buscando unos artículos que me inspiraran a escribir la entrada de esta semana y me tropecé con uno que hablaba sobre la espiritualidad y el asombro en los chimpancés.
El artículo se encontraba en la web de la doctora Jane Goodwall una eminencia del estudio de primates que ha ido desmantelando muchos de los conceptos que se han sostenido sobre el mundo animal y especialmente sobre los primates superiores.
La idea central del artículo giraba en torno a que se podían observar ciertos comportamientos en los chimpacés salvajes que hacían pensar que ellos también tenían momentos que se podrían entender como espirituales, al encontrarse con fenómenos naturales que los embargaban y conmocionaban intensamente. Específicamente se trataba de la experiencia en una cascada, donde iniciaban una danza extática de arrobamiento ante los sonidos y efectos del agua cayendo. La doctora Goodwall entonces concluía que si bien los animales no tenían los mismos códigos para expresar su emoción, y careciendo de herramientas para conceptualizar la experiencia, buscaban expresarse a través de movimientos, golpes y otras formas que les eran propias y que sin embargo aludían a algo similar a lo que nosotros sentimos cuando tenemos una experiencia de encuentro con la trascendencia.
El artículo incluía el video de la danza en cuestión captada para national geographic y mientras lo veía, recordé tres otros registros sobre los animales que hablaban de emociones y sensibilidad, donde en teoría no la habría.

Vacas saltando

Circuló hace algún tiempo el video de un grupo de vacas que habían sido liberadas de un criadero hacia campo abierto. Las vacas saltaban y brincaban de manera eufórica al salir. Cuando lo vi por primera vez, me pareció tan exagerado que le resté importancia, especialmente porque lo vi a la rápida y no me di cuenta bien de lo que estaban mostrando. Pero tiempo después vi otro video sobre una vaca que había sido curada de un problema en una pierna y una vez que pasó por todo el proceso de rehabilitación y la soltaron en una pradera hizo varios de los movimientos que vi en el primer video. Saltos, brincos, trotes… muy similar a nuestro propios bailes y saltos de euforia o alegría extrema.

Un abogado para los sin voz

En otra ocasión me encontré una charla TED sobre un abogado que lleva años intentando cambiar la ley de manera que los animales dejen de ser considerados objetos.
Este crucial cambio de status significaría la posibilidad de poder defenderlos a nivel legal y que no queden totalmente desprotegidos y expuestos a todo tipo de maltratos y crueldades.

El mundo secreto de las plantas

Hace muchos años atrás una prima me habló de este libro (La Vida Secreta De Las Plantas) como parte de las investigaciones que tuvo que hacer para la obra de teatro en la que estaba trabajando en ese momento.
El libro hablaba de investigaciones que se han realizado en torno a las plantas y que constatan su altísima capacidad perceptiva. Una de las historias que más me impresionó fue la del hombre que monitoreando a sus plantas pudo comprobar que ellas se “daban cuenta” del momento mismo en el que él tomaba el vuelo de regreso a su casa después de un viaje. Las variaciones de “alegría” eran notadas desde el instante en el que éste había tomado el camino de regreso, mucho antes de llegar a casa.

¿Cómo lidiar con la sensibilidad del mundo que nos rodea?

No es fácil integrar (enteder y absorber) que el mundo que nos rodea no es inerme, insensible o inerte. No es una objeto inanimado, sino todo lo contrario. Siente, percibe y se afecta por lo que hacemos.
La mayoría del tiempo, la vida, el tipo de vida que llevamos puede doler más de lo que estamos dispuestas/os a dejar entrar (a admitir).
Es muy común que prefiramos no saber, a enterarnos del dolor que nos rodea.
Y eso parte por integrar su sensibilidad, es decir entender que lo que esta a nuestro alrededor, es sensible, como lo somos nosotros.
Lo entiendo.
Entiendo que las personas no soporten exponerse a información sobre la cual sienten, no poder hacer nada.
Y luego, pienso que la maravilla del mundo está en su latencia, en su apertura, en su sensibilidad, en su delicadeza. Entonces que una de las consecuencia de no poder soportar la amplitud de la realidad es que cuando nos cerramos al dolor también nos cerramos a una buena parte de la maravilla y de la belleza. Y nosotros nos volvemos más opacos, más tristes, más insensibles.

Mi camino

Siempre que las personas me preguntan porqué dejé de comer carne, contesto con la verdad poco glamorosa de mis razones.
Me gustaba la carne y mucho. No me obligué a dejarla. No la dejé por sensibilidad al sufrimiento de otros seres. No era capaz de percibirlo y por mucho tiempo no fue un tema para mi.
Viaje a India, estuve en un Ashram por 1 mes y medio y dejé la carne. Fueron siempre procesos de meditación y terapia en los que pasé periodos sin comer carne los que me llevaron a dejarla. No fue físico. Simplemente no quise seguir comiendo.
Muchos años después, mucha meditación después, mucho yoga, mucha vida después simplemente me ha llevado a poder sentir y aguantar la idea de que los animales y las plantas y esencialmente todo, siente, de alguna manera, como yo.
Eso solo significa que evaluo mis desiciones con más cuidado.
Ni si quiera de manera ideal, pero al menos con bastante más cuidado.
Me pregunto las cosas.
¿Por qué acepto comer plantas y no animales?
¿Qué es lo que esta mal con la manera que hacemos las cosas?
¿Cuál es mi parte en ello?
¿Quiero o no participar?

La costumbre de no sentir

Hablando con unas amigas comentaba sobre la necesidad que tenemos de luz solar. De vitamina D y como la mejor manera de exponernos a ella es caminando en un bosque, porque las hojas filtran los rayos solares y ese filtro permite que absorbamos mejor la luz y sus propiedades.
Mis amigas se sonrieron conmigo.
Por que si lo piensas es tan lindo.
Es tan redondo.
Hay una amorosidad en la disposición natural del mundo. En su rudeza también, en su ritmo y en su expresión. En su vida y en su muerte, donde las cosas sí tienen sentido. Donde sí están ahí para algo más.
Y cerrarnos a ellas es como cerrar una enorme puerta a la realidad de la trascendencia presente en todo.
Solo darle espacio al sentido de lo que vivimos y hacemos puede hacernos soportar el dolor del mundo hoy y si lo podemos soportar podemos empezar a necesitar cambiarlo. En casa, en la intimidad, y en última instancia en todo momento en que decidimos interactuar con los demás.
“Y algún día, debemos darle algo de vuelta a los animales…”
Salir de la Angustia I: entrar en la calma

Salir de la Angustia I: entrar en la calma

Hay veces en que se nos instala una sensación en el pecho, un peso o una opresión, lo sentimos de un momento a otro o literalmente nos damos cuenta qué lo ha provocado, pero no somos capaces de quitarlo de encima, de adentro. Considerando que llevo alrededor de 5 días con una sensación tal y portándome mal en la escritura del blog, me di cuenta cuan relevante era abordar esta desagradable sensación que es tan común. Vamos a ello.
 salir de la angustia

Primero darse cuenta de que algo está pasando

Tengo la costumbre de escuchar con mucha atención lo que me pasa, lo que siento. Esta capacidad de sentirme y mirarme me ha llevado a momentos de profunda introspección, pero también profunda angustia. Dependiendo de cuan centrada esta, de cuan ordenada esté, la misma capacidad de mirarme puede llevarme a lugares muy agradables o muy desagradables. Lo peor es cuando no puedes identificar con claridad qué es lo que te está ocasionando la sensación. Si no eres capaz de capear la ola, tienes que aprender a utilizar los medios a tu alcance para que la ola no te arrastre y termines deshecha en la playa con el traje de baño por cualquier parte y sintiendo que te vas a ahogar en la misma orilla del mar.
Si tu piensas que no tienes esa capacidad, quiero que lo pienses dos veces. Todas/os tenemos la capacidad de sentirnos, pero muchas veces y más comunmente de lo que debiera ser, las personas apagan esa función, consciente o inconscientemente. ¿Por qué? Básicamente por que sentir algo desagradable para lo que no encuentras solución inmediata o cercana, es para muchos, insoportable y prefieren por tanto distraerse o desconectarse.

Nuestras funciones de apagar el sistema

Hace muy poco leí un artículo maravilloso de Tara Brach, una psicóloga y profesora de Mindfulnes que ha sabido integrar la sabiduría de la meditación al espacio terapéutico. En el hablaba del caso de una paciente que había sido violada por su padre cuando pequeña. El caso es detallado con total pertinencia describiendo como la chica estaba totalmente congelada emocional, física y socialmente al momento de entrar a la consulta. A través de un trabajo terapéutico muy cauteloso Brach fue capaz de llevarla al momento en que ella había generado el mecanismo de protección para poder sobrevivir lo que estaba viviendo en su infancia. Concretamente había anidado y encapsulado las emociones en ciertas partes de su cuerpo con la promesa de que algún día, cuando fuera otra vez seguro pudiera volverlas a sacar y sanar lo que había experimentado. Esta experiencia le pudo hacer sentir que el hecho de haberse congelado en realidad había sido un acto más amoroso de una parte muy pura de ella misma que necesitaba ser protegida. Poco a poco, la que estaba encapsulado podía empezar a salir.
Sea cual sea la experiencia que estamos teniendo y especialmente cuando pasamos por proceso emocionales traumáticos o muy difíciles, activamos si no hay otra opción, mecanismo que nos permitan seguir viviendo y funcionando.
El problema surge cuando una vez pasado el problema o la situación de peligro seguimos funcionando como si estuviéramos allí. Ese es el signo de que necesitamos darle más energía al tema y considerar hacer un proceso terapéutico más profundo. No es tan fácil salir del “modo emergencia”, aunque no es imposible.
Por otra parte esto también se manifiesta respecto de hábitos de conducta, emocionales o físicos nocivos, que en última instancia nos pueden llegar a producir una profunda sensación de angustia.
Recuerdo cuando me encontré con esa charla de Tony Robbins en la que hablaba de que para entrar en un estado depresivo uno debía seguir un camino específico de rutinas y conductas emocionales y mentales. No era algo que se producía de la noche a la mañana, no es algo inmediato. Como cualquier otra cosa, como también lo hacen las enfermedades, tomamos una serie de pasos, decisiones y demás que nos llevan a un punto que podemos identificar como depresivo. Cada cual tiene su sistema. Todos creamos nuestros estados anímicos con un cocktail fantástico de pensamientos, acciones, situaciones que si pudiéramos agrupar secuencialmente, veríamos que se repiten de manera efectiva y precisa para producir también ciertos estados anímicos que podemos reconocer muy bien.
Algunos de esos caminos los conozco muy bien e incluso los puedo detener a tiempo, pero otros me caen encima como cachetazos rápidos y certeros que si no logro abordar a tiempo me dejan bastante rato con un mal sabor en la boca.
Ahora en este preciso momento me siento así. Pero también justo hoy logré identificar por que. Viví una situación durante el fin de semana que me dejo muy angustiada. Al día siguiente me distraje y la situación desapareció de mi vista, pero no la sensación. La sensación sigue conmigo.
Algo tengo que hacer con eso y mientras no lo haga estará allí molestándome como una mosca en el oído.
El poder de darse cuenta de qué es lo que te produce angustia, hacer algo al respecto y cambiar la dinámica es una de las mejores formas para liberar un tema, pero hay muchísimas veces que la ruta y la forma no queda tan clara y ahí es cuando podemos pasar días pasándolo mal y considerando seriamente apagar el sistema por completo o simplemente entrar en un espiral de distracción sin fin.
En esos casos es muuuuy bueno poder meditar.

Si la solución no está a la mano, hay que ir más lejos

Nuestra mente funciona la mayoría de los casos como una red de relaciones neuronales directas que mientras más transitadas, más reforzadas se encuentran.
Cuando se trata de mentalidades, es decir que tiendas por ejemplo a pensar que las causas de las cosas son siempre las mismas, tienes el problema de que rara vez te puedes liberar de una manera de pensar que siempre te lleva al mismo punto.
Necesitamos entonces algo que nos saque del camino, que nos permita pensar y más importante sentir desde otro angulo.
Visualiza tu cerebro como un vasto territorio. En él hay zonas donde hay mucho tránsito e igual que en el campo, cuando una ruta es transitada muchas veces, comienza a quedar una huella. Esa huella se vuelve más gruesa y marcada a medida que se vuelve más habitual y por supuesto cuando uno encuentra una huella en un lugar donde uno no sabe muy bien por donde ir, tiende a irse por ahí confiando en que el camino más transitado es el mejor o el más seguro.
No siempre es así.
Muchas veces necesitamos ir a ciertos lugares de nuestro cerebro para alcanzar soluciones que se encuentran muy alejados del mundo en el que habitamos normalmente. Cuando es así, entonces lo habitual no funciona y peor aún nos lleva de vuelta a lo mismo una y otra vez. Entonces como salir de la huella de comportamientos, emociones que tan cuidadosamente hemos trazado?
Si lo has intentado puedes saber con certeza que no es sencillo, que de hecho es bastante difícil desarticular un patrón de conducta al que estamos habituados a tal nivel que pensamos en él como si fuera parte de nuestra personalidad.
Los cierto es que eso no es más que un hábito y por suerte hay maneras muy eficaces de salir del mismo.
Ahora yo estoy terminando este articulo después de entender a que iba mi angustia, de tal modo que ya se como salir y de hecho está muchísimo mejor. Pero para hacerlo utilicé varias herramientas que me ayudaron a conectar con lo que no estaba viendo.
Ahora, quiero recalcar que generalmente lo que no vemos, no lo vemos porque es algo difícil o que nos duele. Si tenemos una sensación de sin salida respecto de un tema, tenderemos a huir en vez de quedarnos ahí, aceptar lo que estamos sintiendo y observar con mucha paciencia si no hay luz por ninguna parte.
Estando ahí, siempre, siempre hay algo de luz. Pero primero hay que estar ahí, y como dice Eckhart Tolle, no es una experiencia agradable, pero te traerá gran sabiduría.

La paradoja de salir

“La salida es hacia adentro”
 
Quiero darte algunas de las herramientas que yo ocupo. Las formas en las que yo salgo de ese lugar donde no quiero estar y en el que me he metido a mi misma. Tengo la firme idea de que cuando las cosas llegan a angustiarte es porque han pasado una serie de cosas antes que han tratado de advertirte que algo esta pasando y que tienes que mirar o abordar. Si no hacemos algo a tiempo la cosa va subiendo el volumen y se va poniendo cada vez más desagradable hasta que se vuelve insoportable. Lamentablemente, los seres humanos tendemos a no reaccionar a menos que las cosas se pongan realmente álgidas y entonces nos vemos forzados a observar lo que estamos viviendo.
Ideal sería darnos cuenta cuando las señales son más suavecitas, pero no siempre se puede.
Entonces. Cuando ya estamos ahí, es hora de entrar. Piénsalo como el océano. Nuestro estado alterado es como la superficie, llena de olas, movimiento, fuerza, descontrol en medio de la tormenta. Pero si nos hundimos en el agua, es todo calma y silencio. Esto no quiere decir sumirse una catatónica ausencia o estado de distancia con todo lo que nos rodea, sino más bien buscar internamente el punto de calma. Salir del camino y probar algo diferente.
En concreto estas son las cosas que hago yo, para salir del camino, meterme bajo el agua y encontrar el rayito de sol o el hilito que me gue de vuelta a la calma.
  1. Hablar con alguien que te de REALMENTE una visión distinta de las cosas: la clave es tener a alguien así en la vida. Alguien que encarne eso. Alguien que te de una perspectiva diferente y que puedas conversar en profundidad esa visión. Lo que debes evitar es hablar con alguien que reconfirme tu visión o que la haga más grave. Tienes a alguien así? Si no comienza a buscarlo. No tiene que ser alguien que veas comunmente, puede ser uno de esos amigos profundos y hermosos que vemos rara vez, pero que cuando lo hacemos, es fantástico. Integral el valor de alguien así en tu vida. Si no tienes esta posibilidad continúa con las otras.
  2. Escuchar a alguien que hable desde un punto de vista más sabio que el tuyo sobre distintos temas  y que pueda abrir tu mente: Mi intento es ir una vez al año a ver a mi Maestra, pero el resto del tiempo, escucho charlas, leo, o veo videos de otros maestros que han dejado su huella por donde los pueda pillar. También voy sesiones de meditación o encuentros esporádicos. Lo que sea que me mantenga conectada con ese punto de verdad y calma (dos satsang que veo con frecuencia es las de Eckhart Tolle, Mooji y Papa ji).
  3. Meditar: Hace tiempo que no te dejo una meditación, pero creo que amerita. Kundalini Yoga tiene maravillosas meditaciones para cambiar el estado mental. Aquí una de las que más me gustan.

 

Cuéntame como te va y si te han servido estas recomendaciones. Como siempre, me hace feliz recibir tus correos con lo que sea que quieras compartir de experiencia y en los comentarios.

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Entre las cosas que puede que te interesen las 108 migas de pan, si lo tuyo es tener conocimiento prácticos semanales para aplicar de manera rápida y simple.
Si por otra parte te gustaría seguir un proceso de profundización más potente, te recomiendo el Programa de Felicidad Conciente. Un proceso de 30 días que cambiará completamente tu concepto de desarrollo personal.
Beneficios de la simpleza

Beneficios de la simpleza

Como existe una relación directa entre el grado de simpleza y nuestra sensación de felicidad. Todo apunta a que esta tendencia a complicarnos, a tener más, más elaborado, específico e intrincado es la vía más efectiva para alejarnos de lo que realmente nos sacia y satisface. Mientras, más simple, mejor. Y entendamos que la falta de complicación no implica falta de profundidad.

simpleza

Tengo un prima que vive en Berlín. Su hija mayor estudia en un colegio Waldorf y en el colegio tienen la costumbre de premiar a los niños con un queque al final de la semana. En el queque viene escondida una almendra y nadie sabe a quien le tocará, pero es sin duda todo un evento cuando eso sucede. A mi sobrina le ha tocado dos veces y cuando le pregunté sobre ello, paró lo que estaba haciendo, paseó la mirada y adoptó un tono serio y solemne, como un artista que ha ganado un premio muy importante del cual no se siente merecedor.

Ella siente el encanto de la importancia como la gentileza del destino sobre su trocito de queque.

La felicidad en la simpleza: el diálogo entre lo que esperamos y lo que obtenemos

Es así que la felicidad y lo extraordinario son en distinta forma cualidades relativas de la experiencia. Es decir son la expresión del dialogo entre lo que esperamos y lo que obtenemos. Mientras más simple es nuestra vida más fácil es acceder a lo extraordinario, más sencillo tocar  la felicidad. Esta última viene en la presencia misma, como tan elocuentemente lo expresa Eckhart Tolle en El Poder del Ahora.

Mientras más complejo todo es, más difícil se te hace acceder al territorio de la verdadera dicha.

Esto es totalmente lógico.

Recuerdo una charla de Tony Robbins acerca de cómo son los parámetros que tenemos, son los que construyen la sensación de lo que nos hace felices. Ponía el ejemplo de un hombre que se sentía totalmente fracasado porque no había alcanzado la meta de ganar los 100 millones de dolores que se había propuesto, si no solo 90!, o algo así. No había logrado bajar los 5 kilos, sino solo cuatro, no había logrado que su hijo entrara a Yale sino a Princeton. Su vida, para él era una larga lista de este tipo de decepciones.

Luego, se encontró con otro hombre que le dijo que su vida era la bomba, Tony le preguntó, ¿por qué?, ¿qué has conseguido? Y el respondió Nada, solo estar sobre el suelo, ¡eso es la bomba!

Nuestra felicidad se mide por el margen que ofrecen nuestras expectativas, en otras palabras, lo que nosotros definimos como la bomba.

Claramente si tus expectativas son sencillas, tu sensación de estar rompiéndola siempre, va a ser constante.

Pero hay que decirlo, esto también puede ser una trampa. No se trata de nivelarnos hacia abajo, podríamos mal interpretar esta idea. No se trata de ponernos metas o estándares tan reducidos que siempre estemos excediendo lo esperado, porque eso nos generaría un especie de cinismo, de sensación de mediocridad, incluso de cobardía o desvalorización.

Como en todo se trata de alcanzar un equilibrio. Hay una fórmula que combina de manera nutriente y recíproca la relación entre lo que nos sentimos capaces de hacer y nuestra fuerza, expectativa y energía para lograrlo. El desafío debe estar en esta ecuación para que haya razón para celebrar. Los parámetros del desafío no son necesariamente externos, más bien diría  que son siempre internos y que se expresan en alguna tarea externa solo porque funcionamos con esta necesidad de que todo sea una representación de lo que sentimos y vivimos internamente. Este es el primer truco. El segundo truco es que en realidad no hay nada que conseguir.

(Un paréntesis:)

“He estado buscando al habitante de esta casa por miles de existencias y he aquí…”

– Buddha

En última instancia no necesitas nada. Estar es la bomba, ni siquiera sobre el suelo, simplemente estar. Pero no podemos darnos cuenta, no es posible que entendamos, sintamos y apreciemos esta verdad sin haber explorado todo lo demás.

Me acordaba de este paraje en el libro el poder del ahora donde Eckhart Tolle hablaba sobre la parábola del retorno del hijo pródigo:

 Este proceso lo explica Jesús en su parábola del hijo pródigo, que deja el hogar de su padre, dilapida su fortuna, se convierte en un mendigo, y después es forzado por su sufrimiento a volver a casa. Cuando lo hace su padre lo ama más que antes. El estado del hijo es el mismo que antes, sin embargo no es el mismo. Tiene añadida una dimensión de profundidad. La parábola describe un viaje desde la perfección inconsciente, a través de la imperfección y del “mal” aparentes, hacia la perfección consciente.”

Cuando me pongo a escribir estas cosas, diciendo “has planes”, “ten estrategias”, “fluye” “conócete”, “crea esto” “has aquello”, “viaja por el mundo”, bla bla bla. Todo esto es el primer truco, funcionamos así, en un eterno juego de zanahorias, persiguiendo la sensación que tenemos de felicidad para deconstruirla en cada vuelta de tuerca. Es un viaje para volver al mismo sitio donde partiste, sí. Pero hay algo en el viaje que te hace apreciar, las flores de tu jardín en una forma totalmente extraordinaria y novedosa. Es el viaje lo que te revela la verdad. De manera que si sigues persiguiendo llegará un momento en que naturalmente tu corazón dirá “basta ya, es hora de volver a casa”. Hasta entonces debes ir abriéndote, buscando el pequeño equilibrio que dicta el crecimiento y que dicta que cuando crecemos necesitamos darnos cuenta de que un cambio se ha producido en nosotros. Es por eso que las dosis son necesarias para el avance. Si apuntamos demasiado alto nos perdemos en un largo periplo de demasiado éxito o demasiado fracaso, lo que hace más difícil distinguir el eje de la diferencia que hemos establecido en nosotros mismos.

(Saliendo del paréntesis)

Entonces, la felicidad es un acuerdo de satisfacción con una/o misma/o y el destino, que por lo demás tiene reglas básicas que permiten su funcionamiento, estas son:

No existe la felicidad complicada: entender que el acceso al estado de plenitud es como lanzar una flecha. Para que ésta pueda alcanzar el objetivo, sigue una linea visible y clara de un punto a otro. Sin nubes ni intrincados pasadizos. Reside en la simpleza de poder estar.

No existe la felicidad sin gratitud: La gratitud es un reconocimiento de plenitud. Es la posibilidad de experimentar la plenitud y es maravilla de maravillas, un estado que podemos entrenar. Podemos practicar la vía de la gratitud para que se vuelva un hábito que nos conduzca a la felicidad.

No existe la felicidad sin contraste: La felicidad requiere de la capacidad de distinguir, de darnos cuenta. Para darnos cuenta pasamos un largo periplo (o corto) de contrastes y polaridades, cuya única función es la de mostrarnos una dimensión cada vez más sutil y precisa de la paz del ser.

Una simplicidad que aparentemente no es fácil

Me acuerdo estar mirando la magnífica montaña en el programa de Amma en el sur de India. Un lugar en medio de un parque nacional de tigres y elefantes. Estábamos a mitad del programa y había tierra por doquier. Yo me moría por comer un pazhal puri (pallam puri), una banana frita cubierta de una masita deliciosa de la cual soy adicta cada vez que viajo a India y mirar con desazón que no había y que peor aún, quizás ya no tenía hambre de nada. Estaba cansada de comer y me sentía satisfecha. Cuando un día después los camiones se habían marchado y solo quedaban las tiendas vacías, las ollas vacías y la polvadera, el valle y la montaña se abría perfecto. No tenía nada de lo necesario para ser feliz, más bien todo lo contrario. Tenía la más pura incomodidad, insatisfacción, suciedad y así, con eso, me sentía completamente feliz. Esta es la revelación que se me vino por oleadas desde entonces: cuando se experimenta la privación de todo lo que creemos necesario para sentirnos bien, emerge un profundo sentido de satisfacción que no depende de nada más que de la actitud interna, y esto es la libertad, esto es la plenitud anhelada.

Simplificar la vida es abrir la oportunidad de descubrir lo que realmente nos contenta. Lo que realmente nos introduce en el plano de la dicha.

Prueba a simplificar tu vida. Deshazte de las cargas innecesarias que llevas. Bota lo que no usas y practica lo que realmente te nutre y te hace feliz.

Deja de distraerte y profundiza.

Salir de la parálisis interna: el simple arte de clarificar

Salir de la parálisis interna: el simple arte de clarificar

Creo que hace un par de meses empezó mi parálisis.

Todos hemos estado ahí. En ese espacio en el que a pesar de tener todas las ganas, todas las buenas intenciones, el mejor de los horizontes, te quedas estancada/o y no puedes avanzar.

Hay distintos niveles para cuando una/o se siente paralizada/o. Hay algunas que duran un día, otras que duran semanas y otras que pueden durar meses o más. La parálisis sostenida te puede llevar fácilmente por el camino de la depresión. Y en realidad no es de extrañar, pues estar estancada/o significa esencialmente que no estamos abordando lo que tenemos que resolver, hacer o terminar, lo que a su vez genera una sensación de presión y estrés silencioso que no hace más que crecer con el tiempo.

salir de la parálisis

Si no somos capaces de hacer algo, o si por alguna razón la situación no se resuelve por si misma, entonces podemos entrar en ese estado parálisis prolongada que puede ser la causa de que acabemos deprimidas/os. Ese eterno estado de posponer, de tratar de dilatar y extender el plazo ad eternum, es como observar la bola de nieve que crece desde un lugar congelado e inactivo.

Este fenómeno es extraordinariamente común y es muy probable que lo hayas vivido más de una vez. La procastrinación es uno de sus primeros signos. El arte de vivir posponiendo.

Es curioso, pero es tan común que incluso se manifiesta en la costumbre del snooze. Queremos quedarnos un poquito más dentro de las sábanas y posponer nuestro comienzo del día. Por alguna razón muchas veces estamos viviendo en este constante momento de aplazar, de no estar, de no abordar lo que nos pasa y lo que vivimos.

Recuerdo que hace un par de meses cuando comenzó esta sensación de estar paralizada, me dije: “me gustaría escribir una entrada sobre esto”, principalmente porque quería poder resolver el asunto o al menos arrojar algunas luces sobre el problema para que la solución ayudara en algo a los demás. Pero claramente, como yo misma me encontraba en el meollo del asunto, difícilmente iba a poder encontrar una solución y mucho menos escribir sobre ello de manera que aportase.

Hoy no es que tenga el problema resuelto, pero poco a poco he ido descubriendo algunas cosas interesantes sobre como funciona.

La parálisis es un mecanismo y por tanto es un hábito de resolución o de creer que se esta solucionando algo porque al posponer nos engañamos respecto de quitarnos de encima la urgencia. Es como poner la mugre debajo de la alfombra. El verdadero problema surge cuando de tanto evadir lo que debemos solucionar, dejamos de verlo, lo mimetizamos con el entorno y sin darnos cuenta empezamos a arrastrar un problema que somos incapaces de percibir. Este es el estadio más peligroso. Nos acostumbramos a sentir una sensación de agobio, presión y estrés que no podemos puntualizar con claridad y que a la larga se puede convertir en un verdadero problema.

Hace unas días estaba leyendo el libro de Marie Kondo sobre la capacidad sanadora del orden de los espacios. Y decía, “Mucha gente siente la necesidad de limpiar cuando está bajo presión, como justo antes de presentar un examen. Pero esta urgencia no ocurre porque quieran ordenar su habitación. Ocurre porque necesitan poner en orden ”algo más“. (…) En realidad, el acto de desordenar es un reflejo instintivo que distrae nuestra atención del meollo de un problema. SI no puedes sentirte relajado en un cuarto limpio y ordenado, enfrenta tu sentimiento de ansiedad. Bien podría arrojar luz sobre lo que en verdad te aqueja. Cuando tu habitación esta limpia y organizada, no te queda más opción que examinar tu estado interior. Puedes ver cualquier problema que hayas evitado y te obligas a enfrentarlo. Tan pronto como empieces a organizar, te siente obligado a reajustar tu vida. Como resultado, tu vida empieza a cambiar” (p. 29).

Existe quizás un numero infinito de razones y estímulos que pueden generar en nosotros esa reacción de evasión. Pueden ser problemas emocionales, pueden ser problemas en el trabajo, puede ser la ansiedad por concretar una tarea importante, puede ser la aprensión a que nos vaya bien o a que nos vaya mal. Pero en general lo que hay detrás de ese sinnúmero de estímulos y razones es un mismo sentimiento: el miedo.

La verdadera piedra angular radica en identificar a qué exactamente le tenemos miedo, ya que una vez que hemos podido distinguir la causa especifica, se produce un efecto casi mágico de anulación del sentimiento. Eso es lo curioso. Cuando puntualizamos y miramos nuestro temor, la gran mayoría de las veces, éste se anula y el resto de las veces pierde su fuerza. El efecto es tremendamente positivo.

Como dice Marie Kondo en su libro, ese desorden, ya sea sea material o psicológico o una mezcla de los dos, simplemente ilustra ese estado de apilar algo que posponemos, que no situamos o ubicamos en su lugar de inmediato y que mientras más tiempo pasa, mas grave se pone.

Lo que he terminado por descubrir sobre el tema, tiene que ver con el primer paso y quizás uno de los más importantes en el proceso de salir de la parálisis. Y que tiene que ver con el orden y la claridad.

Aquí, te quiero dejar tres pasos que te pueden permitir adquirir esa claridad para puntualizar y sacarte de encima la presión de un tema sin resolver y que además se vincula con uno de los pasos que investigamos cuando hicimos la cuarentena para empezar el año sin miedo. Vamos a ellos.

Paso 1: Fuera de la mente, en el papel

Muchas personas hablan sobre los infinitos beneficios de escribir las cosas que nos preocupan. Sacarlas de la cabeza y acotarlas para que dejen de ser una idea difusa y poco clara que vuelve una y otra vez a nuestra mente. Necesitamos aclarar, esto es esencial.

Aquí me quiero detener un instante. Te pido que lo pruebes. En este mismo momento, toma un papel y un lápiz y escribe lo que has estado posponiendo.

Para ilustrarte cuan importante es este paso quiero hablarte sobre algo que se ha descubierto acerca de los procesos de aprendizaje. Esta comprobado que cuando estamos leyendo algo y pasamos por una palabra que no comprendemos en su uso en el contexto en el que se encuentra, inmediatamente nuestro cerebro deja de comprender lo que le sigue a continuación. Imagina estas estudiando y de pronto hay una palabra que no conoces. La pasas de alto y sin darte cuenta llegas al final de la página comprendiendo que no has entendido o no has absorbido nada de lo leído a partir de ese punto. Esto ha llevado a desarrollar técnicas de aprendizaje que te entrenan para darte cuenta del momento exacto en que has dejado de comprender para abordar esos conceptos o palabras y de esa manera mantener tu nivel de atención y concentración a lo largo del estudio.

Lo mismo sucede respecto de acciones o eventos, situaciones o tareas que debemos realizar. Si de pronto no sabemos como hacerlo, una parte de nuestro cerebro reacciona bloqueando lo que viene a continuación. Y sin darnos cuenta hemos entrado en la parálisis. Por lo tanto lo primero que debemos hacer como un ejercicio diario es aclarar exactamente cuales son las cosas que sentimos debemos hacer y que hemos estado posponiendo por la razón que sea. Luego de escribir la lista de estas cosas, debes brindar al menos una solución o paso a seguir para sacar la lista de tus tareas o temas pendientes. Esto es lo primero.

Entonces el primer paso se resume en dos partes:

1-. Escribe la tarea, tema, situación, etc que sientes debes resolver y has pospuesto hasta ahora.

2-. Escribe que paso debes realizar para empezar a resolverlo.

Paso 2: Desglosar la limpieza y el orden

Sacate la mochila de encima. No pospongas más, no procastrines. Genera un plan de acción que te permita sacarte el tema, la situación, el asunto de encima. Como dice el segundo Sutra de la era de Acuario “Cuando el tiempo esté sobre ti, comienza y la presión desaparecerá”. Confía en estas palabras y hazlo de una manera inteligente, efectiva. Para eso establece pasos pequeños que te hagan fácil resolver el problema. Todo asunto tiene su desafío, pero nada es tan difícil como un conflicto imaginario que no ha llegado a enfrentarse. Ese es un monstruo que no se puede vencer, porque en la mente es simplemente una actualización de su no resolución. Necesitamos llevarlo a la acción.

Ante todo problema, cuando nos toca enfrentar hay solo dos opciones: o lo resuelves o lo aceptas.

Entonces, arma tu plan y deshazte del tema pendiente.

Resumiendo:

1-. Haz un plan para abordar el tema.

2-. Desglósalo en pequeños y simples pasos.

Paso 3: Reconócete a ti misma/o en este mecanismo.

Una de las cosas más importantes que debemos aprender es a identificar nuestros propios mecanismos de estancamiento y de salida. Para cada persona estos operan diferente y vienen acompañados muchas veces por sensaciones especificas que no pueden ser transmitidos de una persona a otra como fuera una receta al estilo de las recomendaciones del paso 1 y 2. Es por eso que cada persona tiene que aprender a identificar sus propios códigos, sus propias alarmas. Para ayudarte a ir definiendo y reconociendo tu propia manera de abordar el tema quiero que te respondas las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo me siento cuando estoy presionada/o? (Describe tus sensaciones físicas,  en donde se producen en tu cuerpo, como son?
  • ¿Qué emociones puedes asociar a esa sensación de presión? Escribe que emociones acompañan a la sensación de sentirte presionada/o.
  • ¿Hay recuerdos o imagenes asociados?¿Cuales? Describe con el máximo detalle sin preocuparte de la coherencia.
  • ¿Cómo se siente cuando empiezas a encontrar una salida? ¿Qué sensaciones físicas hay allí? ¿Qué emociones e imágenes?

Intenta hacerte estas preguntas a menudo. Idealmente cada semana y a veces, especialmente en momentos de crisis, cada día. Deja que las respuestas aparezcan y observa los cambios y los elementos comunes. Desarrolla tu capacidad de reconocer tus propias señales.


Con esto espero que puedas reconocer y de verdad empezar a dominar la parálisis. Me encantaría saber tu experiencia con estos ejercicios y en general con el proceso completo de entender como te sientes y si reconoces tus mecanismos. Cuéntame en los comentarios.

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Mirar la imperfección: Sobre ser ambigua, vulnerable y encontrar el coraje

Mirar la imperfección: Sobre ser ambigua, vulnerable y encontrar el coraje

 

A mi siempre me ha costado ser precisa. Por tantísimo tiempo imaginaba que la ambigüedad tenía algo que ver con la libertad. Hoy sé que mientras más ambigua/, menos clara/o, más imprecisa/o, más atada/o se está a la falta de confianza. Más posibilidades hay de malinterpretar, menos posibilidades de verdadera comunicación existe. Te preguntarás cual es la relación. Pues es muy simple, e incluso es biológica. Mientras más claro es un mensaje, más relajado se encuentra nuestro cuerpo, más fácil es que integremos y procesemos la información.

ambigueda

Hubo una época en que quizás era necesario que la información estuviera cifrada y oculta, reservada para unos pocos, como tan elocuentemente se expresa el manejo de la información en la llamada era de piscis. Los peces bajo el agua representando ese conocimiento oculto, esa cultura del secreto y la privacidad. Pero hoy, en que la información está completamente disponible para todo aquel que desee buscarlo, la premisa y el desafío ya no es la búsqueda de la información sino el cómo la ponemos en práctica. Es por eso que lo intrincado ha perdido su valor. El desafío intelectual es cómo practicamos, llevamos a la realidad aquello que conocemos y sabemos es beneficioso para nosotros mismos y los que nos rodean.

Cuando Brené Brown comenzó su investigación, pensó que lo que más le interesaba era investigar el sentido de conexión. Esta es una mujer que en los últimos años se ha dedicado a hacer algo imposible, posible. Esto es, cuantificar, traducir a números y datos, temas tan elusivos, polémicos y hasta ahora subjetivos como son la vergüenza, el coraje y la vulnerabilidad. Estos temas empezaron a brotar desde este primer intento por entender qué es lo que nos hace sentir en conexión, y en consecuencia descubrir cual es la principal causa de que nos sintamos des-conectados. El hallazgo fue notable y totalmente de sentido común: la principal causa de que nos sintamos apartados o desconectados es la vergüenza. Porque la vergüenza es básicamente creer que hay algo en nosotros que esta mal, que es indigno y que  por lo tanto no merecemos estar en contacto y conexión con los demás.

Para mi ese ha sido el mayor desafío y sigue siéndolo. Ser clara. Ser práctica. Y esta conexión con lo que nos hace ser dignos de conectar parece esencial incluso para esta idea de la practicidad.

Lo notable es esta relación entre ser ambiguo, difuso y poco claro con esto de la vergüenza. Yo tenía miedo que al definirme recibiría más críticas, dolería más el ataque, tendría menos posibilidad de deshacerme como agua ante el juicio y desaparecer, o peor aún no podría diseñar un argumento brillante para zafarme de lo que fuera que me estuvieran criticando. Especialmente si sientes que hay algo esencial en ti que no está bien. Y esto es más común de lo que parece. Nuestra constante necesidad de tener cosas no es nada más que una denominación de insuficiencia, de que hay algo que falta, de que hay algo incompleto en nosotros. Y que decir de la ansiedad, tan, pero tan común entre las personas.

La experiencia me enseñó todo lo contrario. Mientras más clara, mas asumida en mis deficiencias, en mis juicios, en mis errores, más tranquila, más liberada, más consciente. No puedo decir que menos asustada, pero definitivamente más valiente. Es por eso que Brené habla tan altamente de la imperfección y de la capacidad que tenemos para relacionarnos con ella.

Esta pregunta es esencial. ¿Cómo lidias con lo que crees que esta mal en ti? ¿Lo miras? ¿lo observas? ¿lo aceptas? ¿lo rechazas? ¿lo ignoras y dejas que se convierta en algo que te acecha desde la sombra?

Solo en ese proceso, en ese dialogo amoroso con nuestros baches, en la capacidad de ser vulnerables y abrirnos con corazón, coraje a la realidad interna de nuestra sombra, parece posible trazar el camino hacia la conexión y en eso a sentirnos dignos de ser amados.

Pero si existe constantemente una compulsión por ser perfectos, elevados, exitosos, entonces esa imperfección tan difícil de aceptar y de asumir se convierte en una monstruosidad de la que nos pasamos huyendo toda la vida.

Por supuesto como en todo hay una media. También están los que abrazan su imperfección como una tabla de salvación y se aferran a ella como lo único que los puede mantener en la autenticidad. En ese proceso sin embargo también se produce un desajuste, una rigidización. Básicamente porque cuando nos aferramos a nuestras imperfecciones sabiendo que en ellas hay un dolor o algo que no opera del todo bien para nosotros, estamos actuando desde el miedo y la incapacidad de entrar, otra vez en el territorio de vulnerabilidad que significa probar algo distinto.

En definitiva casi siempre que hay algo rígido, que encontramos una resistencia, es que estamos frente a algo que requiere trabajo, vulnerabilidad y en definitiva, coraje.

Para mi lo más hermoso de estas investigaciones de Brené, ha sido descubrir lo que nos une en el silencio, en el cúmulo de miles de relatos recopilados por esta mujer. Saber que existe un hilo común de vulnerabilidades y sabidurías. Poder rescatarlo para volverlo un valor cuantificable, científico, es como una ofrenda de paz a la razón en la que la necesidad de comunicación y sinceridad aparece siempre exaltada.

Por eso siempre, siempre, al menos sé completamente sincera/o contigo, para que la aislación y cárcel de tu Ser termine de una buena vez, y lo más profundo de ti, pueda salir a la luz. La valentía que eso requerirá surge siempre de la paciencia y del ser compasivo, una y otra vez, con el paso lento con el que logramos avanzar.

Más sobre Brene Brown:

Libros*:

Charlas de TED (¡¡¡imperdibles!!!!!)

Entrevista con Tim Ferris (Inglés)

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Más allá de la frustración

Más allá de la frustración

Siempre pensé que no me importaba el resultado de las cosas. Pensaba eso porque siempre fui excelente para dejar las cosas a medio camino, sin terminar. Yo me decía a mi misma, no me importa lo suficiente como para hacer el esfuerzo. Pero la verdad era que me pasaba justo lo contrario. Mi tolerancia a la frustración era casi nula y eso hacía que cuando me enfrentaba con una dificultad, mi tendencia era a decir internamente “filo” y entregar las cosas a medio camino. Prefería hacer algo que era claramente un error a dar lo mejor de mi y que resultara mal.

más allá de la frustración

Este tema tiene mucho que ver con nuestro entrenamiento a aceptar que a veces las cosas no resultan como esperamos, que salen mal, que no reciben la aprobación que habíamos proyectado.

En mi caso, me costó más de 30 años el darme cuenta que en mi caso no es que fuera distraída o desconectada de la realidad o que me solo me importaban cosas más elevadas, sino que simplemente no tenía tolerancia a la frustración porque muy dentro de mi tenía metido un chip de perfeccionismo y competitividad, que hacía que a la primera que las cosas no salían como yo creía que debían salir, entraba en pánico y prefería tirar la casa por la ventana.

Es por eso que fue tan significativo encontrarme con el trabajo de Brene Brown. Creo que esta fue la primera vez que escuché sobre el condicionamiento pasivo que muchas veces colocamos a los niños cuando celebramos lo que hacen asociándolo con su identidad y no con su actividad. UUu eso sonó complicado déjame ponerte un ejemplo para que se entienda.

Cuando una/un niña/o se saca una buena nota en el colegio tendemos a decirle “que inteligente”. Esta es es una afirmación de identidad, porque básicamente le estamos diciendo “te sacaste una buena nota porque ERES inteligente”. El problema es que cuando hacemos una afirmación de identidad ponemos un grave problema de autoestima en la/el niña/o a futuro.  Te preguntarás por qué. Básicamente porque cuando esa/e niña/o se saca una mala nota, porque no estudió lo suficiente su lógica más profunda le está diciendo, “te sacaste una mala nota, eso quiere decir que no eres inteligente”. Esa contradicción puede ser extremadamente desconcertante. Es por eso que los estudiosos de la conducta están empezando a decir que es mucho mejor decirle a la/el niña/o cuando llega con una buena nota “que bien, se nota que has hecho un gran trabajo estudiando”, lo que focaliza la atención en el proceso y no en la identidad. Lo cierto es que cuando hacemos afirmaciones de identidad estamos dando una característica inamovible que no tiene nada que ver con lo que la persona haga o no. Lo que importa es que la persona sepa que a veces logramos resultados excelentes y otras veces logramos resultados mediocres y que esto tiene que ver con el ámbito de lo que hacemos y no con el de lo que somos.

Puedo recordar mientras escribo estas palabras, todos los momentos en que me dijeron cuan inteligente era cuando pequeña. Yo se que los adultos que hicieron eso, lo hicieron con la mejor de las intenciones, con verdadero amor y orgullo en el corazón, pero también se que por muchos años me fue completamente incompatible conciliar mi “inteligencia” con los muchos momentos en los que no “era” inteligente, no hacía un buen trabajo, “era” completamente mediocre.

Solo en los últimos años he llegado a sentir que todo se trata del proceso, de que igual como se hace cuando meditamos, que debemos volver una y otra, y otra y otra vez al mismo punto, la excelencia, y lograr exactamente lo que queremos requiere de constancia y de aprender a levantarse. Sobre todo volver a levantarse. El aprender esto no solo ha significado que finalmente haya logrado perseverar de manera sostenida en los proyectos, sino también a encontrar una hermosa forma de alegría y de sabiduría en el observar ese vaivén de los días, de los esfuerzos, de los resultados.

Como aquella bella historia del hombre que repetía, “no puedo saber si es bueno o malo, cada día simplemente tiene su afán.”

Una vez que tuve ese primer chispazo respecto de mi intolerancia a la frustración, muchas cosas que nunca había logrado entender del todo de mi misma comenzaron a hacer sentido. Si no tenía el registro de como superar la frustración, de no desmoronarme o renunciar por los problemas, de perseverar y creer que realmente hay días buenos y días malos, la causa no estaba perdida, simplemente tenía que empezar a practicarlo.

Perfeccionismo, frustración y autocontención

 

Hablando con un amigo la semana pasada, él me hablaba de su hija y de cómo veía la necesidad de ponerle límites entre otras cosas para que ella pudiera aprender a lidiar con que las cosas no fueran a su modo. Esto parece una obviedad, pero hoy en día hay tantos padres que no quieren exponer a sus hijos a una negativa o a ellos mismos a tener que ponerla.

Mientras trataba de ordenar estas ideas me encontré con una entrevista entre Brian Johnson de Philosophers Notes y Matthew Syed, autor de Bounce: The Myth of Talent and the Power of Practice. Ambos desglosaban hermosamente este libro sobre los secretos del éxito. Pero no ese éxito vacío y superficial que produce tanto resquemor, sino aquel que se refiere al proceso profundo de irse perfeccionando y creciendo en alguna actividad por la cual sentimos verdadera pasión. Lo interesante es que la propuesta de Syed, es que investigando a algunas de las figuras más importantes del deporte y de otras áreas, lo que encontró era simplemente una enorme cantidad de constancia y trabajo, pero sobre todo,  y esto es muy importante, un verdadero sentido de la compasión en la forma de autocontención.

No es posible sostenerse en el gran camino sin compasión, sin amor hacia lo que hacemos y hacia nosotros mismos. Sin esto, sin diversión, sin pasión, sin alegría y sin trabajo arduo que lo acompañe, no es posible avanzar.

Parece ser que la combinación perfecta es una triada entre pasión, constancia y verdadera autocontención. Probablemente porque tenemos que tener esa voz que sí tiene la/el niña/o en un comienzo que le hace levantarse una y otra vez cuando intenta caminar. En su pequeña mente aún no existe un significado para la caida, solo existe la fuerza que le lleva a levantarse una y otra vez.

Resumiendo

La entrada de hoy tiene que ver esencialmente con observar aquello que nos impide avanzar en nuestro propio crecimiento. Entender que quizás tenemos tan internalizado que “somos” de cierta manera porque nos lo repitieron muchas veces cuando niños que ni siquiera osamos intentar algo que pueda poner en cuestión esa noción de lo que somos. Hazte la pregunta, revisa tu historia y libérate si es que hay algo con lo que te hayas identificado aunque sea algo “bueno” si es que te impide desarrollarte en profundidad. A veces es mejor hacer el “tonto” si es que eso te permite revelar tu verdadera naturaleza.

También tiene que ver con fijarnos en la manera en que nos dirigimos a los demás y especialmente hacia los niños cuando usamos palabras que afirman un sentido de identidad, cuando en realidad siempre debemos fortalecer hábitos, acciones, procesos, ya que eso es algo que el niño o la persona puede cambiar, modificar, mejorar. La identidad es independiente e inamovible , la actitud es flexible y depende enteramente de ti.

Y por último tiene que ver con fortalecer aquellas actividades que nos generan pasión y llevarlas con constancia y autocontención, con amor y paciencia hacia nosotras/os mismas/os, porque allí está la clave de la perseverancia sostenida y la verdadera gratificación que es saber que hemos avanzado de manera importante en nuestro intento.

 

El mejor momento para iniciar una práctica de meditación

El mejor momento para iniciar una práctica de meditación

A mitad de febrero, el ritmo de las vacaciones instalado, incluso si sigues trabajando en el algún lugar, lo cierto es que es una de las mejores épocas para iniciar un práctica de meditación o una rutina de ejercicios.
Como estamos en este modo chistoso que se produce cuando estamos descansando y sintiendo más naturaleza o lentitud, todo nuestro sistema se apresta para entrar en una rutina sin estresarse y así recibir lo mejor de lo mejor de la disciplina sin presiones ni apuros.
el mejor momentoes...Ahora

El primer paso hacia tu autoconfianza

Uno de los momentos más fructíferos que he tenido en ese sentido fue cuando hace cerca de dos años comencé a hacer una meditación por mil días. Era verano y me habían dicho hacía poco en el festival internacional de kundalini yoga que necesitaba hacer Kirtan kriya. Esta es una de las meditaciones más potentes de este linaje, que sirve para limpiar el inconsciente a full. Empecé en el verano y lo hice a mi ritmo. No terminé los 1000 días, pero hice la mitad, cerca de un año y medio.
Puede que no sea lo mismo para ti, que no alcances a hacer tanto tiempo, pero si solo alcanzas a hacer 40 días, ya es suficiente. Estarás dándole un mensaje potentísimo a tu inconsciente. Para ejemplificar esto, la mejor forma es entender que tomar un compromiso con una/o misma/o y cumplirlo es el primer paso para empezar a confiar genuinamente en ti. Básicamente porque creas un precedente concreto y real de que te has propuesto hacer algo y lo has cumplido, has cumplido tu palabra. Imagínate lo que sucedería si pudieras confiar plenamente en ti. En que si dices que harás algo no hay forma de que eso no suceda. Que tu determinación y autoconfianza sea tan poderosa que comiences a sentir que tu mejor aliada eres tu misma/o.
A pesar de que lo he hecho muchas veces sé que no es sencillo partir sola/o. Siempre una/o necesita un empujoncito. Así que te quiero proponer lo siguiente.
A partir de este viernes voy a iniciar una meditación y si quieres sumarte, entonces eres bienvenida/o. La idea es que nos podamos apoyar.
La meditación que iniciaremos este viernes produce el extraordinario efecto de eliminar los miedos (genial ¿cierto?) y la vamos a hacer todos los días por 40 días durante 11 minutos.
Este jueves volveré a subir una entrada con las instrucciones de la meditación. Si deseas participar, deja un comentario en esta entrada y súmate al grupo de Facebook para que podamos ir apoyándonos durante el proceso y además para que puedas aprovechar que estaré subiéndo todos los días un tip para comentar y usar durante la práctica.
Espero que te animes!
Hasta el jueves.