La pregunta es qué es lo que nos permite dormir tranquilos. Qué es lo que nos hace entrar al final del día al descanso con un animo de satisfacción y tranquilidad y si nos falta, qué es exactamente lo que nos falta. Este artículo tiene mucho que ver con la relación entre ansiedad, sentir que estamos perdiendo el tiempo, llevar una vida que no nos hace sentido y dormir mal. Recordando el dormir a pierna suelta de otros años, cuando la presión era menor, la reflexión es a como traer un tipo de vida que respete nuestra necesidad más pura respecto de la vida y cuanto espacio le damos a esa necesidad.
Algo estaba mirando hace un tiempo atrás, en la que había un personaje que hablaba de esa sensación de no tener idea de “qué se supone que debería estar haciendo en la vida”. Le había tocado estar en la marginalidad, en el sentido de sentirse alguien ajeno a la vida, un poco aquí y un poco allá y básicamente transitando con la sensación de que nada de lo que hacía tenía mucho sentido.
Ya me acordé, era una entrevista a Jonnhy Depp, el adorado Capitan Sparrow (por mencionar solo uno de sus últimos personajes de culto popular). Comentaba el actor que hasta el nacimiento de su primera hija no había tenido idea del sentido de la vida. Solo entonces había exclamado, “aaah de esto se trataba”. En la entrevista no mencionaba a qué exactamente se refería con esto, pero lo que más me llamó la atención fue esa manera de hacer referencia a la vida como de que nada tenía mucho sentido, de que todo estaba un poco de cabezas. No por nada hoy Depp encarna al sombrerero loco.
Pero ¿hasta que punto somos sombrereros locos nosotros también?
Hasta que punto vivimos cotidianamente con una sensación de sentido o sin sentido.

El camino trazado para la “tranquilidad”

 

 

Para algunas personas seguir la pauta de las etapas de la vida, tiene una estructura perfecta y natural. Eso es suficiente. Nacer, crecer, emparejarse, tener hijos, pulsar por mantenerse y prosperar y luego morir.
Para otros esa carrera queda anulada por que no tiene ningún sentido, por que la fortuna no lo ha querido permitir o simplemente por que nunca ha existido una completa comunión con esa estructura. El primer grupo históricamente ha tenido la suerte de albergarse a un esquema  que les ordena y efectivamente les tranquiliza, e incluso en algunos casos los hace genuinamente felices. Para otros muchos, es un camino mas rocoso de dudas que incluyen más vías y posibilidades que solo la línea recta.
La vida es así.
Lo cierto es que sea cual sea el caso, en cualquier camino por más recto que sea, aparece un pequeño o gran momento de reflexión sobre el sentido, ya sea al inicio, al medio o al final, cuando todo lo que nos queda es evaluar.
Esa reflexión en distintos momentos de la vida de si todo el esfuerzo ha tenido algún significado o importancia, es algo que oscila de tanto en tanto con un sentimiento apremiante en la vida de las personas.
Cuando digo esta frase, “dormir a pierna suelta”- que no se si es común en otros países de habla hispana-, me refiero a cuando una persona esta tan out, tan desconectada, tan profundamente dormida que está como desparramada sobre lo que sea, roncando y feliz. Hay muchas referencias de esta imagen, pero lo que se me viene es la sensación de los niños, como un/a niña/o que ha jugado todo el día y llega la hora de dormir y se queda dormida/o tratando de ponerse el pijama.
Es una sensación fantástica. Es sin duda una sensación de plenitud.
Por alguna razón, al crecer y dependiendo de cuál sea nuestro estilo de vida, se empieza a hacer cada vez más difícil entrar al sueño de esta manera.
Se entiende, está bien. No nos pasamos todo el día jugando, corriendo y saltando con absoluta y total intensidad, llorando, riendo y transitando por una gama infinita de emociones durante el día, por lo que claro, no terminamos totalmente exhaustas/os.
Cansadas/os sí. Movidas/os, sí, pero de esa sensación de cansancio físico y sentido profundo, no tan seguro.
Pero de lo que te quiero hablar no es del cansancio físico, sino de esa sensación que se tiene en la niñez como de haber cumplido con el día o quizás más aún, haber cumplido con el minuto. El todo por el todo a cada instante.
Quiero hacerte una pregunta. Y bueno, puede que sea una pregunta un poco incómoda, pero, créeme que es necesaria. Cuando te vas a dormir, ¿cuántas veces te vas a la cama sintiendo que tienes algo pendiente, que algo falta, que hay algo que no hiciste? Incluso ¿cuántas veces te vas a dormir con una sensación como de culpa?
Yo no se por qué. Hay muchas personas que se sienten culpables y no saben de qué ni por qué.
Hay personas que responsabilizan a la idea del pecado original y a la educación judeo-cristiana. Más allá de eso creo que es importante que si sentimos esto, nos demos el momento de identificar si es así y sacarnos ese peso de encima.

Una idea de dónde viene

 

 

Brene Brown, esta mujer a la que cito de tanto en tanto, hacía la distinción entre la culpa y la vergüenza, pensando la primera como el malestar, el arrepentimiento o el tormento de algo que hemos hecho y que sabemos está mal para nosotros. Mientras que la vergüenza es cuando sentimos que somos algo malo, que eso que esta equivocado es intrínseco a nuestra personalidad. La primera entonces, pertenece al mundo de las acciones y la segunda al de la identidad.
Dejemos la vergüenza a un lado por el momento porque es un tema suficientemente complejo por si solo (si quieres saber más puede escuchar esta entrevista fabulosa en inglés o ver su charla TED).
La culpa entonces es cuando sentimos que estamos actuando erróneamente o que hemos actuado en contra de nosotros mismos.
Dentro de esto, no hay nada que genere más desasosiego que sentir que estamos haciendo algo mal sin saber exactamente qué es.
Es como una mosca en la oreja que no deja de zumbar y no nos deja nunca en paz.
Si no puedes ver de qué se trata el problema, se hace muy difícil de acallar o echar a la mosca y lo que tratamos entonces, cuando no sabemos de dónde viene ni qué hacer con ella, es simplemente subir el volumen de la radio, el televisor, o hablar con personas, en otras palabras: distraernos.
Así sin saber, nos vamos pasando la vida, literalmente la vida entera, distraídas/os de nosotras/os mismas/os. Y ¿por qué? Porque hay algo que no sabemos bien qué es (porque estamos en otra cosa) que no nos permite relajarnos completamente y gozar.

Nuestro regalo

 

 

Mi maestra suele decir que la gran tragedia humana es el desperdicio del don que se nos ha dado.
Esto no quiere decir que sean menos importantes las matanzas, ni las guerras, ni las hambrunas, ni ese tipo de desastres, sino más bien que probablemente todas ellas se evitarían si el ser humano estuviera abocado a alcanzar su potencial, a honrar su don.
¿Por qué?
Nuestro don o regalo, sea cual sea (porque todas/os tenemos uno) esta íntimamente conectado con nuestro sentido de dicha, con nuestra plenitud y la sensación de sentido. Y esto es tan, pero tan importante que cuando las cosas son realmente demandantes o terribles, cuando las cosas se reducen a lo más básico y mínimo, es lo único que realmente nos hace vivir y prosperar.
En el libro El hombre en busca de sentido, el clásico de Viktor Frankl, se explica cómo es el sentido lo que en las peores circunstancias te mantiene con vida. El libro, si no lo has leído, trata de la experiencia que el autor tuvo en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial y las cosas que observó respecto del comportamiento humano en una situación tan brutal como esa.
Eventualemente desarrolló la Logoterapia, una forma de terapia psicológica que trabaja con el sentido y el lenguaje.
Entender que todas/os tenemos una necesidad de sentido es crucial. Y no se trata necesariamente de un sentido fuera de lo concreto como mucha gente piensa, no. Muchas veces ese sentido es simplemente una idea, un sentimiento, una persona, un sueño, incluso un odio que nos lleva más allá de nosotros y nuestra circunstancia.
Si carecemos de esto o si nuestro funcionar en el mundo es como el de marcar tarjeta, marcar el paso, dar simplemente cuenta de que el tiempo pasa, la vida se va volviendo un poquito más gris cada día. Y no, la vida no se trata de eso.
Pero para poder establecer esa conexión se requiere un enfoque, una mirada. Si solo hemos aprendido a mirar la pared, olvidando la ventana, se hace muy dificil ir a por las nubes. Si nadie nos ha dicho que es importante observarnos y conocernos de manera de poder darnos cuenta de cuando estamos frente a algo que nos importa, entonces se hace difícil.
Es extraordinariamente común que las personas se pregunten “pero, ¿qué debo hacer? ¿no sé qué hacer?” y luego les preguntes (como yo lo hago molestosamente en la consulta) ¿qué te gustaría? e incluso te respondan “no sé” y volver a molestarlas/os “¿pero, que harías si no hubiera ningun impedimento, si tuvieras tiempo, si tuvieras el dinero, si no te doliera hacerte esa pregunta?” y entonces, como niños, con mucha inocencia comienzan, “haría esto, me encanta esto otro y lo de más allá siempre he querido probarlo.”
Entonces yo me río, porque siempre sabemos.
Solo que no sabemos cómo escuchar.
Tengo la teoría de que esa sensación de culpa y desasosiego basal viene de que no actuamos en concordancia a nosotros mismos y rara vez lo sabemos. Que invertimos una enorme cantidad de tiempo en mirar a la pared, a lo que esta mal en vez de sanar las alas para poder ir a donde queremos.
Cada día que no enfocamos en algo diferente que la búsqueda de nuestra felicidad es como si estuvieramos actuando en contra de nosotros mismos, y solo esa sensación de desasosiego indiferenciada nos recordara que la atención debe estar puesta en otra cosa. En como poder contruir eso que para ti, tiene todo el sentido del mundo.
Que cosas debo hacer para empezar a dirigir mi atención hacia allá, si quieres saber cómo hacer un pequeño ejercicio de aclaración interna que te ayude a abrir este espacio, pide tu ejercicio aquí.